Inicio de sesión en XTB: reemplazar la llave sin quedarte fuera — Chile
Para iniciar sesión hacen falta una dirección de correo, una contraseña y un segundo factor. Esta página trata del día en que uno de ellos cambia: en qué orden van los tres y qué deja de funcionar después de cada uno.
Abrir cuenta XTB →Cambiar una dirección de correo, una contraseña o un segundo factor no es editar una configuración: es reemplazar la llave con la que entras. Hecho en un solo orden —primero el correo, luego la contraseña y después el segundo factor—, cada cambio queda probado por el que viene a continuación. Hecho en cualquier otro orden, o todo de una vez, la herramienta que usarías para corregir un error suele ser justamente lo que acabas de cambiar.
El orden: primero el correo, segundo la contraseña, al final el segundo factor
Cada paso de aquí se hace desde una sesión ya iniciada, y cada uno se prueba antes de empezar el siguiente. En este orden, un error en cualquier punto todavía se puede arreglar con las llaves que aún no se han movido.
- Empieza mientras las tres siguen funcionando: la contraseña actual, el buzón registrado y el dispositivo que tiene el segundo factor. Un cambio hecho desde una posición de acceso se puede deshacer; uno hecho cuando el acceso ya se perdió, no.
- Cambia primero la dirección de correo, desde una sesión ya iniciada. Todos los mensajes de recuperación de las otras dos llaves se envían a la dirección registrada, así que tiene que ser la correcta antes de mover cualquier otra cosa.
- Confirma la nueva dirección desde el nuevo buzón antes de tocar nada más. Hasta que no esté confirmada, la dirección antigua sigue siendo la que recibe el correo de recuperación.
- Cambia la contraseña en segundo lugar. Todo lo que ya esté con sesión iniciada en otro lado va a pedir la nueva, incluida la copia guardada en un navegador y cualquier dispositivo que uses poco.
- Vuelve a vincular el segundo factor al final y conserva la vinculación anterior hasta haber completado un inicio de sesión con la nueva.
- Inicia sesión una vez desde un dispositivo que no hayas usado para hacer los cambios. Un reemplazo que solo funciona donde se hizo no está probado.
Qué deja de funcionar en el momento en que cambia cada llave
Después de cambiar la dirección de correo, el correo de recuperación llega al nuevo buzón y solo a ese. La dirección antigua no conserva nada salvo los mensajes que ya recibió, y por eso la nueva se confirma antes de tocar la contraseña.
Después de cambiar la contraseña, todo lo que ya tenga sesión iniciada en otro lado debería volver a iniciar sesión antes de que confíes en ello, y la copia que guardó el navegador ahora es la equivocada. Un dispositivo que usas poco es el que te va a sorprender semanas después.
Después de volver a vincular el segundo factor, los códigos de la vinculación anterior dejan de aceptarse de inmediato. Por eso se conserva la vinculación antigua hasta completar un inicio de sesión con la nueva, y se elimina solo después.
Por qué el orden no es cuestión de gustos
Las tres llaves se remiten unas a otras. La dirección registrada es donde llega la recuperación de las otras dos; la contraseña abre la cuenta que protege el segundo factor. Reemplazar primero aquella de la que dependen las demás deja recuperable cada paso posterior; reemplazarla al final deja la vía de recuperación apuntando a algo que ya cambiaste.
También explica por qué un solo cambio es más fácil que varios juntos. Después de cada reemplazo hay exactamente una cosa que puede haber salido mal, y se puede corregir con llaves que se sabe que siguen funcionando. Después de tres reemplazos a la vez, no queda ninguna posición desde la cual corregir.
Nada de esto tiene que ver con lo fuerte que sea la nueva llave. Una contraseña larga ingresada desde una sesión que ya expiró vale menos que una corta ingresada mientras todo todavía funciona.
Hacerlo desde una posición de acceso
La versión cómoda de esta tarea empieza antes de que algo se rompa: no se pierde nada, no hay urgencia y cada paso se puede probar con calma. La versión incómoda empieza cuando el acceso ya se perdió en parte, y entonces el orden no lo eliges tú: lo dicta la llave que todavía funcione.
Dos pequeños hábitos mantienen disponible la versión cómoda. Deja el buzón anterior accesible un tiempo después de cambiar la dirección, porque los mensajes enviados justo antes del cambio caen ahí. Y deja en su lugar la vinculación antigua del segundo factor hasta que la nueva haya soportado un inicio de sesión real, no solo una pantalla de prueba.
Cuando hay que hacer un cambio y una de las tres ya no está disponible, deja de ser una tarea de autoservicio: la vía pasa entonces por soporte, y la cuenta se identifica con las llaves que quedan, no con las que se están reemplazando.
Qué cambia en el momento en que se reemplaza cada llave
| Qué cambiaste | Sigue funcionando | Deja de funcionar de inmediato | Prueba esto antes de seguir |
|---|---|---|---|
| Dirección de correo registrada | La sesión abierta; la contraseña queda intacta | El correo de recuperación a la dirección antigua | Solicita un mensaje de recuperación y léelo en el nuevo buzón |
| Contraseña | La cuenta, con la nueva contraseña | Todo lo que ya tenga sesión iniciada en otro lado y cualquier copia guardada por un navegador | Inicia sesión en un segundo dispositivo con la nueva contraseña |
| Vinculación del segundo factor | El inicio de sesión mediante la nueva vinculación | Los códigos generados por la vinculación anterior | Un inicio de sesión completo usando la nueva vinculación |
| Las tres de una sola vez | Nada en lo que puedas confiar | La vía de regreso si escribiste mal cualquiera de ellas | Hazlo al revés: cambia una, pruébala y recién entonces empieza con la siguiente |
La tabla describe un reemplazo planificado. El acceso que ya se perdió es otro asunto y comienza con el soporte.